El blog de Miguel García Loizaga

Otro mundo

– ¡Alma…! ¡Alma! ¿me oyes? ¿Alma?
– … Dime, mamá.

Alma mira algún punto en el cielo a través de la ventana de su cuarto.

– Sabes lo mal que lo paso cuando no contestas. Me da mucho miedo porque siempre pienso que has vuelto a… eso, a estar como antes.
– No, no… mamá, tranquila. Estaba pensando que antes era todo mucho más ruidoso.
– ¿Ruidoso? ¿Qué quieres decir?
– Mira, asómate –Alma señala hacia arriba–, ¿ves esa nube alta que es como una lenteja gigante?
– … Sí.
– Esas sonaban igual que el grifo del fregadero. Y cuando se ponía una encima de otra, como rozándose, ¿sabes?, hacían el mismo sonido que papá fregando los platos.

La madre sonríe.

– ¿Ves esa otra que parece un champiñón?

La madre asiente.

– Esa sonaría como… –se detiene un momento– ¡como un dinosaurio cuando pisa el suelo! Y si chocase con otra, harían el mismo ruido que tu coche cuando estás enfadada con el coche que va delante y pitas. ¿Y ves esas largas que se cruzan?
– Sí, pero esas no son nubes, son las estelas de vapor que dejan los aviones.
–Vale, pues esas sonaban como los pianos. Igual que los pianos. Y cuanto más largas, más era como cuando el músico toca los botones del final, y cuando eran cortas, como los del principio. Así sonaban.
– Ajá. Pero se dice «teclas», no botones.
– Pues eso. Pero cuando se cruzan, ya no suenan como los pianos.
– Ah, ¿no?
– No. Sonarían como las hormigas de nuestro patio, cuando se mueven por la pared haciendo filas muy largas con migas de pan y eso. Harían ese mismo ruido: un ruido muy grande.
– Entiendo –sonríe–. Bueno, si ahora te gusta menos el mundo, siempre podemos decirle al médico que te quite el aparatito con el cable que te han puesto detrás de la oreja y que te dejen como estabas antes. ¿Se lo decimos?
– No, mamá. Me gusta mucho cómo suena cuando me dices cosas, y cuando papá me lee cuentos. ¡Hasta cuando el tonto de mi hermano grita jugando a la play!
–Ah, vale, entonces no le decimos nada. Venga, ponte ya el chaquetón que vamos tarde a la revisión.
–Voy, mamá.

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