El blog de Miguel García Loizaga

La música esmeralda

Cuando bajé del vagón, en el centro de aquel enorme espacio vacío que una vez fue la estación central del metropolitano, una chica de no más de quince años tocaba el saxo de un modo extraordinario.

Bajo la gran bóveda, que por alguna razón había resistido el impacto de las bombas, resonaban con fuerza notas de color esmeralda que llegaban hasta más allá de los límites de la ciudad.

Los pocos que aún quedaban en pie para escucharlas, supieron entonces que había una esperanza, un lugar seguro en el que refugiarse.

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